martes, 18 de febrero de 2014

Pocket Monster Times / 01. Pallet Town

> Nuestro pueblo tiene dos salidas, una en el norte y otro en el sur: La Ruta 1 y la Ruta 21 respectivamente. Por la 1 puedes llegar a la Viridian City, la 21 es una ruta marítima, un camino imaginario sobre el mar, lo que nos deja realmente con una sola salida en el norte porque nadie camina sobre el agua como ese súper héroe de los días antiguos, en fin, la gente insiste en llamar “Ruta 21” al puto mar, creo que los hace sentir mejor.
El pueblo está cercado, envuelto por redes de acero y pilares de concreto que nos separan del mundo y de la hierba alta. Las redes nos protegen. Ellos afuera, nosotros adentro. Aunque del ruido nadie se salva, los chillidos de las ratas, todas gritando al mismo tiempo como si estuvieran una sobre otra o algo así y sus patitas arañado la alambrada, ya que te acostumbras notas el otro sonido, el de sus putos incisivos como alicates abriendo y cerrando a cada rato, está bien cabrón. Bien pinche cabrón. Y pues, así son las cosas aquí, en el culo del mundo, esto es Pallet Town, entras por la 1 y sales si te atreves.

> En Pallet Town el único lugar “importante” es el laboratorio del profe, además de laboratorio no hay ni madres más, solo los campos de cultivo que nos permiten seguir en el mapa y unas cuantas casuchas cayéndose donde vivimos algunos hijos de la chingada que todavía quedamos por aquí. El profesor es un viejo excéntrico que se encabrona fácil, “trastorno explosivo intermitente” dice una hoja en su carpeta de papeles importantes, lo que yo creo que pasa es que ha dedicado toda su vida al estudio de las criaturas. Eso le hizo encabronarse, y cómo no, esos putos están acabando con todos nosotros. A nadie le cae bien. Vive en la mejor casa del pueblo, una mansión venida a menos, toda sucia y marcada con grafitis y parece que un tsunami de tiempo le pasó encima con toda su furia, para acabarla, el viejo vive solo con dos niños raritos que saco de quién sabe dónde chingados. La mayoría de la gente le llama “monstruo” cuando no está cerca y todos prefieren tenerlo lejos, ignorarlo y hacer el mejor esfuerzo para ignorar también todas las chingaderas que pasan en su laboratorio, de allí salen los rugidos y aullidos que vibran por todo el pueblo de vez en cuando. La verdad es que yo no tengo pedo con él, cuando mi papá desapareció la cosa se puso muy fea por acá, mamá no dice nada, solo ve televisión y a mí no se me da muy bien el cuidado de las parcelas ni las cosechas, nos estábamos yendo a la chingada, entonces el profe nos rescató, tiene una fortuna el muy cabrón, prácticamente él mantiene mi casa ahora, a cambio yo lo ayudo con sus investigaciones y me he convertido en una pieza fundamental en el proyecto actual en el que está trabajando. Y bueno, el proyecto del profesor, ya que estoy en eso, se supone que va a domar y controlar a alguno de esos monstruos que tiene en cautiverio y ponerlos a pelear contra otros monstruos que estén allá afuera, ¡ja! Una puta locura. La parte de la domesticación es la cabrona, pero allí entro yo, el profe encontró una forma de lograr que los monstruos obedezcan, tiene que trabajar con especímenes directos del huevo, la cosa es que los muy cabrones son bien agresivos, como si nacieran programados para partir madres y conforme van creciendo, puta, empiezan a hacer cosas raras, como que “ganan” armas naturales cada día que crecen, entonces van mejorando su arsenal para chingarte la vida, dice el profe que algunos pueden vomitar fuego, que hay otros que invocan truenos hasta cuando no está nublado y otros que pueden hacer crecer las plantas solo estando cerca, parecieran armas de guerra mutantes de la naturaleza, el punto es que todo eso complica bastante eso de controlarlos y fácil pasa una desgracia para el domador en turno, entonces empezamos a trabajar con especies recién nacidas y resulta que es posible lograr ciertos grados de… sinergia, dice el profesor. Aquí viene la pendejada: la sinergia alcanza su grado máximo entre criatura y domador mientras más jóvenes son ambos, ¡de puta madre!, eso quiere decir que mientras más pinche niño eres, más fácil te resulta controlar una máquina de matar. La única regla es que los monstruos solo pueden tener un entrenador, solo así se puede conservar el control. La edad sugerida para el domador, que no sea tan joven que sea fácil de devorar ni tan viejo que la sinergia no sea efectiva, es de diez años. Yo tengo quince, pero me he pasado los últimos cinco de pie frente a una jaula ejerciendo contacto visual con un monstruo hijo de la chingada, hablándole mucho para que se le imprima mi voz y buscando sus ojos sin pestañear para que acepte mi dominio, alimentándolo, aprendiendo de su comportamiento, cinco años trabajando con una bestia enjaulada.


>Ayer el profe dijo que estábamos listos, no sé para qué, pero me estoy cagando de miedo. Pero ya tengo quince años, y dicen que en estos tiempos culeros, 15 son los nuevos 21, por eso de que la vida diaria se ha convertido en una tremenda hija de puta.

R.

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