> Escuché un
grito. Se supone que el mundo es menos peligroso si mantienes tu distancia de
la hierba alta. Pero una vez que te enteras de cómo está la cosa, tienes otro
peligro latente 24/7, tu puta cabeza. Aún echándole muchas ganas a eso de
caminar en el centro del camino deshierbado no puedes dejar de mirar la puta
maleza, te llama a gritos, el miedo tiene imanes sostenidos entre los dedos y
atrae, pinche atrae, si alguna vez has estado en un lugar muy elevado con
peligro de caer, sabes de qué hablo, tienes que mirar. “Evita la hierba alta,
repite conmigo Rojo, evita la hierba alta” esa es la regla de oro, mantenerse
lo más alejado posible, no aproximarse, no arrojar nada, no mirar. Ajá,
inténtalo viejo. Allí estaba yo, recorriendo la 1, un pie tras otro sobre la
línea pintada en el centro del camino pavimentado y con una bomba de tiempo
hecha de nervios haciendo tic-tac dentro de mí. Y escuché un grito de vieja.
La pendejada era que
el día anterior el profe me había encomendado ir por un paquete al centro de abastecimiento
de la Viridian City. Después de la partida de madre que Azul me metió, el profe
dijo “que sirva de práctica Rojo, agárrate las bolas y camina”, el viejo sobreexplotado
chiste de las bolas, por aquí se escucha mucho esa broma, a veces hasta creo que
por eso les dieron esa forma esférica, para hacernos sentir más machitos en
combate cuando hacemos referencia a “sujetar las bolas”. Las bolas. En la mía
llevo a Megan Fox.
La Silph Co. Es una
corporación descomunal dedicada a la guerra contra la bestia. La bandera en
esta guerra son estas bolas, cápsulas esféricas, mitad rojo mitad blanco, menor
al tamaño de una naranja pero más grande que un limón por ejemplo, se supone
que su funcionamiento es el resultado accidental de los estudios realizados en
la teletransportación de materia, este conocimiento aplicado después a la naturaleza
de unos frutos exóticos descubiertos con la aparición de las plagas de monstruos,
o algo así, blablabla, como sea nadie sabe mucho sobre su elaboración y la
Silph guarda el secreto bajo llave y de paso las produce en cantidades
industriales y las distribuye por toda la región de Kanto y más allá. La cosa
es que estas cápsulas-jaula son capaces de deconstruir a un monstruo (si no
opone resistencia o lo sometes a la fuerza) en energía pura y condensar esa energía
en su interior por un tiempo, imagínatelo, una puta máquina de destrucción de
cuerpos en la palma de tu mano, y se suponía que así ganaríamos la guerra
contra las plagas, pues una vez atrapada la bestia basta con destruir la bola y
se acabó, una pesadilla menos en el mundo. Sí, claro. Al final las cosas no
salieron tanto como lo planeado, los monstruos son demasiados y se reproducen
como virus, los que se oponen a ellos muy pocos, Y por otro lado, hay mucho
idiotita suelto, no todo mundo busca acabar con las plagas, y hay registros de
grupos terroristas arrojando bolas contra edificios, como las bombas de los
días antiguos, solo que estas nuevas “bombas” cuando estallan sueltan cosas
vivas y terribles. Y hay de todo en este mundo, así como organizaciones
criminales que los utilizan como armas biológicas, hay otros casos peores de
gente que ama a las bestias, sectas de fanáticos completamente desquiciados que
pretenden capturarlos y tratar de domesticarlos o encontrarles utilidades, se
ha hablado mucho de esa nueva era donde hombre y bestia no solo puedan convivir
sino también trabajar en equipo para reconstruir a la sociedad y al mundo. En
fin que entre lo uno y lo otro, estamos completamente jodidos.
Ya tengo bastante
jodidos los nervios, por otro lado, tengo reflejos de pistolero, las dos cosas
cortesía del mundo que me ha obligado a crecer conforme a sus reglas. El profe
me ponía a hacer algunos ejercicios con las bolas, o sea, en serio, las que
sirven para atrapara los monstruos, balancear el peso en la mano, arrojar lo
más lejos posible, azotar con fuerza contra el suelo, apuntar y dar en el
blanco, ese tipo de pendejadas, él dice que es importante y que tener estas
habilidades me puede salvar el culo en el maldito momento menos pensado. Es
curioso, porque puedes reconocer al instante a cualquier cabrón familiarizado
con el manejo de las bolas de captura, domadores o terroristas, solo mírale el
brazo derecho, “brazo de puñetero” decía Azul, los que nos dedicamos a esto por
lo general tenemos el brazo desproporcionadamente marcado. Entonces, apenas
escuché el grito arrojé más alto que lejos la bola de Megan Fox (para procurar
liberarlo cerca de mí pero no tanto que queme), él sale cuando la bola golpea
el suelo, aparece en una explosión que deja un olor a batería caliente. Entonces la chica
aparece corriendo, sale de la hierba alta, un demonio con forma de rata corre
tras ella. Se la quiere comer.
R.




