Ese día nos
miramos. Bueno, me miró y le aguanté un rato la mirada. Y no era un
"día", era el pinche primer día del resto de nuestras vidas, el
profesor había conseguido que la Liga nos diera licencia, oficialmente podíamos
entrar y, mejor aún, salir de cualquier ciudad así como permiso para ingresar a
las reservas ecológicas de la región, "reservas ecológicas" ja-ja-ja,
territorio de dominio de las bestias es más acertado, además legalmente
podíamos domar y comandar sobre nuestros monstruos si se cumplía una serie de
condiciones muy especificas. Bull shit. Lo único que Azul tenía en la cabeza
era que ya podíamos poner a combatir a nuestros monstruos de manera legal. Al
profesor debió costarle una millonada conseguir estos permisos y el muy puto ni
siquiera esperó que saliéramos del laboratorio. ¿Qué coño pasa contigo Azul?
después de taladrarme el alma con sus ojos de hielo el hijo de puta movió el
brazo derecho como soldado, señalándome con el dedo índice, entonces entendí lo
que pasaba, una esfera que caía al suelo, una explosión, y el demonio-tortuga
con su bocota, comandado por Azul estaba más que listo para triturarme con sus
putos dientes. Para ser honesto, no recuerdo haber invocado a Megan Fox, no sé
si lo hice como un reflejo o el muy cabrón apareció por sus propios huevos, y
al verdad prefiero no enterarme, la cosa es que mi monstruo apareció en escena
rugiendo calor y bombeando chispas con la cola, el profesor soltó una maldición
y corrió tras un escritorio protegiendo una montaña de papeles. Azul estaba
sonriendo, Azul nunca sonríe. El calor estaba ardiendo y el laboratorio era un
campo de batalla.
La bestia
tortuga domada por Azul es un monstruo sostenido en dos patas, más o menos de
la misma altura que Megan Fox, ligeramente más bajo pero tremendamente más
fornido, color verde-azul escamoso, entre las escamas supura una especie de
baba que lo hace parecer siempre pegajoso, la cara es ancha y achatada, ojos
enormes y cristalinos, tanto como pequeños pozos de agua, parece que se van a
vaciar en cualquier momento, no tiene nariz, solo dos orificios que se hinchan
con dificultad haciendo un sonido de viento que trabajosamente jala para
adentro. La boca merece una oda gótica aparte, es una puta madre alargadísima,
una tajada de guadaña infestada de colmillos. Patas como de un rinoceronte en
miniatura, garras no tiene, más bien son como un segundo par de patas que no
llegan a desarrollarse, siempre extendidas hacía adelante, supongo que para
mantener el equilibrio. Tiene un puto caparazón la madre esa, una concha seca y
dura como un diamante, contrastando con el engrudo de babas que cubre el resto
del cuerpo, y la parte delantera, como una armadura color amarillo rancio,
parece una esponja en la que se alcanzan a ver unas series de venas atravesadas
cerca de los patas. Y tiene cola, una especie de ahulado espumoso enroscada que
le sale del caparazón, de seguro flota o algo con ella.
Y Azul dijo:
“Embiste”, no gritó, fue una orden militar, firme y clara. Y la tortuga
embistió contra Megan Fox. Fue un madrazo tremendo, juro que escuché como algo
dentro de mi mascota crujía. Esa cosa aprovecha el peso de su caparazón para
dejarse caer en tremendas tacleadas. Megan Fox cayó rodando por el piso del
laboratorio, un par de chispas de su cola encendieron unos muebles de madera,
suerte que el profe ahora estaba corriendo detrás de nosotros con un extintor
en mano, el de Azul se erguía de nuevo y avanzaba torpe pero seguro contra mi monstruo
herido. De pie, ¡ataca, ataca! Ese fui yo, casi me salió solo, te conviertes en
otra persona. La cosa no duró mucho, para mí todo pasó demasiado rápido como para
controlarlo. Al final mi Megan Fox quedó molido por las embestidas, el otro se
llevó su dosis de arañazos pero era tremendamente duro y Megan Fox prefería
gruñir que usar las garras el muy pendejo. Puto Azul.
> Megan
Fox está recuperándose en el laboratorio, el profesor está interesado en que se
cure rápido, que tiene un encargo, hazme el puto favor.
> Azul, chinga tu madre.
R.
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