martes, 25 de febrero de 2014

Pocket Monster Times / 03. Oak´s Lab

> ¿Qué puta madre pasa contigo, Azul? ¿En qué cabeza cabe arrojar a tu mascota-arma de destrucción masiva, a otro ser humano? No la pinches chingues Azul.

> Azul es el nieto del profe, al menos eso dice él. El profesor tiene una inclinación por emparentar niños con bestias de combate, y Azul es su obra maestra, alcanza una sinergia de 91.2, y bueno 91.2 es un chingo comparado con mi puto 79.99. Claro, Azul vive, literalmente vive, en el laboratorio. Es un tipo frío ese cabrón, con cara de que se puede coger a la vida cualquier día, el clásico bad mother fucker que te mira sobre el hombro como si te hiciera un favor al compartir el aire de la tierra contigo (su hermana está bien rica).

Ese día nos miramos. Bueno, me miró y le aguanté un rato la mirada. Y no era un "día", era el pinche primer día del resto de nuestras vidas, el profesor había conseguido que la Liga nos diera licencia, oficialmente podíamos entrar y, mejor aún, salir de cualquier ciudad así como permiso para ingresar a las reservas ecológicas de la región, "reservas ecológicas" ja-ja-ja, territorio de dominio de las bestias es más acertado, además legalmente podíamos domar y comandar sobre nuestros monstruos si se cumplía una serie de condiciones muy especificas. Bull shit. Lo único que Azul tenía en la cabeza era que ya podíamos poner a combatir a nuestros monstruos de manera legal. Al profesor debió costarle una millonada conseguir estos permisos y el muy puto ni siquiera esperó que saliéramos del laboratorio. ¿Qué coño pasa contigo Azul? después de taladrarme el alma con sus ojos de hielo el hijo de puta movió el brazo derecho como soldado, señalándome con el dedo índice, entonces entendí lo que pasaba, una esfera que caía al suelo, una explosión, y el demonio-tortuga con su bocota, comandado por Azul estaba más que listo para triturarme con sus putos dientes. Para ser honesto, no recuerdo haber invocado a Megan Fox, no sé si lo hice como un reflejo o el muy cabrón apareció por sus propios huevos, y al verdad prefiero no enterarme, la cosa es que mi monstruo apareció en escena rugiendo calor y bombeando chispas con la cola, el profesor soltó una maldición y corrió tras un escritorio protegiendo una montaña de papeles. Azul estaba sonriendo, Azul nunca sonríe. El calor estaba ardiendo y el laboratorio era un campo de batalla.
La bestia tortuga domada por Azul es un monstruo sostenido en dos patas, más o menos de la misma altura que Megan Fox, ligeramente más bajo pero tremendamente más fornido, color verde-azul escamoso, entre las escamas supura una especie de baba que lo hace parecer siempre pegajoso, la cara es ancha y achatada, ojos enormes y cristalinos, tanto como pequeños pozos de agua, parece que se van a vaciar en cualquier momento, no tiene nariz, solo dos orificios que se hinchan con dificultad haciendo un sonido de viento que trabajosamente jala para adentro. La boca merece una oda gótica aparte, es una puta madre alargadísima, una tajada de guadaña infestada de colmillos. Patas como de un rinoceronte en miniatura, garras no tiene, más bien son como un segundo par de patas que no llegan a desarrollarse, siempre extendidas hacía adelante, supongo que para mantener el equilibrio. Tiene un puto caparazón la madre esa, una concha seca y dura como un diamante, contrastando con el engrudo de babas que cubre el resto del cuerpo, y la parte delantera, como una armadura color amarillo rancio, parece una esponja en la que se alcanzan a ver unas series de venas atravesadas cerca de los patas. Y tiene cola, una especie de ahulado espumoso enroscada que le sale del caparazón, de seguro flota o algo con ella.
Azul tiene bien controlada a esa puta madre. No parpadea si él no se lo ordena, por otro lado el mío estaba muy inquieto, moviendo mucho la cabeza y sacando la lengua en dirección de su rival. Los dos monstruos estaban mirándose, yo mirándolos a ellos y el cabrón Azul mirándome a mí.
Y Azul dijo: “Embiste”, no gritó, fue una orden militar, firme y clara. Y la tortuga embistió contra Megan Fox. Fue un madrazo tremendo, juro que escuché como algo dentro de mi mascota crujía. Esa cosa aprovecha el peso de su caparazón para dejarse caer en tremendas tacleadas. Megan Fox cayó rodando por el piso del laboratorio, un par de chispas de su cola encendieron unos muebles de madera, suerte que el profe ahora estaba corriendo detrás de nosotros con un extintor en mano, el de Azul se erguía de nuevo y avanzaba torpe pero seguro contra mi monstruo herido. De pie, ¡ataca, ataca! Ese fui yo, casi me salió solo, te conviertes en otra persona. La cosa no duró mucho, para mí todo pasó demasiado rápido como para controlarlo. Al final mi Megan Fox quedó molido por las embestidas, el otro se llevó su dosis de arañazos pero era tremendamente duro y Megan Fox prefería gruñir que usar las garras el muy pendejo. Puto Azul.

> Megan Fox está recuperándose en el laboratorio, el profesor está interesado en que se cure rápido, que tiene un encargo, hazme el puto favor.

> Azul, chinga tu madre.

R.

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